En el examen científico de fenómenos inusuales, sólo es necesario encontrar "un cuervo blanco" para probar que no todos los cuervos son negros. (William James)

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El profundo lenguaje chino: Pájaro
Historias para leer entre grandes y chicos.
La Gran Época (publicado el 04 de abril 2006)

Un poema chino de apertura recitado por un grupo de niños:

Las fénix vuelan por el cielo para difundir las buenas noticias
Los patos mandarines son leales y compañeros la vida entera
Los cuervos mantienen a sus padres cuando se ponen viejos
Las palomas mensajeras reparten cartas y mensajes para la humanidad
Las golondrinas regresan al norte cuando la primavera se acerca
Los halcones viajan miles de millas en soledad

Es una hermosa mañana soleada. Una suave fragancia de capullos de flor se filtra en el aire. Los pájaros cantan fuera de las aulas.

Sr. Wang: Chicos, en nuestra clase de idioma chino de hoy, hablaremos del caracter chino para pájaro. Hablando de pájaros, quisiera saber cuánto saben ustedes de ellos.
Ying Ying: Cada pájaro tiene un par de alas. Los pájaros pueden volar.
Yuan Yuan: Un pájaro tiene un pico duro. Algunos picos de pájaros parecen garfios.
Sr. Wang: Muy bien. ¿Quisieran oír una historia sobre los pájaros?
Clase: ¡Sí!

Había una vez, un antiguo bosque en donde vivían muchos pájaros. Los pájaros tenían plumas muy coloridas que eran tan bellas como el arcoiris en el cielo. Un día decidieron llevar a cabo un desfile de belleza. El ganador sería el nuevo embajador de buena voluntad, responsable de hacer amistad con otras especies de animales y promover la naturaleza pacífica de los pájaros. Al oír las noticias sobre el próximo desfile de belleza, todos los pájaros, excepto un cuervo, estaban vistiéndose felizmente intentando lucir lo mejor posible. El cuervo estaba llorando tristemente por no tener hermosas plumas, cuando de repente vio muchas plumas coloridas en la rivera. Aparentemente estas plumas se les habían caído a otros pájaros mientras se bañaban en el río. El cuervo estaba encantado con su descubri-miento. Se pegó todas las plumas al cuerpo y se transformó en un hermoso pájaro.

En el desfile de belleza, el cuervo fue votado embajador de buena voluntad. Sin embargo, cuando se puso la tiara, en un éxtasis perdió su cabeza. Comenzó a cantar y bailar. Una por una, las plumas se le cayeron del cuerpo. La verdadera apariencia del cuervo quedó revelada. Los pájaros que habían sido engañados por su falsa apariencia estaban desconcertados. El cuervo fue invadido por la vergüenza y estalló en llanto.
Otros pájaros se acercaron al cuervo a consolarlo.

Pájaros: De hecho, tienes unas hermosas y brillantes plumas de ébano. ¡No hay necesidad de sentirse inferior!

El cuervo se conmovió mucho al ver que nadie lo había criticado. En cambio, todos los pájaros lo perdonaron y consolaron. El pidió sinceras disculpas a todos los pájaros. Aunque no se convirtió en embajador de la buena voluntad, se convirtió en un buen amigo de todos los pájaros.

Ying Ying: ¡Los cuervos son tan bonitos! ¡No necesitan tomar prestadas las plumas de otros pájaros para lucir bien!
Sr. Wang: ¡Tienes razón! Uno debe tener un corazón bondadoso para ser embajador de la buena voluntad. El aspecto es relativamente insignificante.
Xiao Bei: Sr. Wang, ¿nos podría contar el origen del caracter chino para pájaro?
Sr. Wang: Seguro. ¿Porque no le echamos una mirada a este encantador personaje?

Hay muchas especies diferentes de pájaros. Por lo tanto, hay muchas variaciones de caracteres para pájaro en las antiguas escrituras chinas de oráculo en hueso. Una variación mostraba a un pájaro mirando hacia abajo buscando comida. Otra variación mostraba un pájaro mirando al cielo. Aun otra variación mostraba a un pájaro parado tranquilamente. Cada variación tenía hermosas líneas. El caracter para pájaro en la caligrafía del «Pequeño Sello» aún se parece al retrato de un pájaro. Incluso tiene un par de ojos, un par de alas que dominan al caracter, así como un par de patas en la base. Lamentablemente, las patas han sido transformados en cuatro puntos en la versión moderna del caracter. El carácter para pájaro ahora no luce tanto como un pájaro.

Xiao Bei: ¡Oh! ¡Entonces esa es la evolución del caracter para pájaro!

 


LIBROS - REFERENCIAS - ESCRITOS - CITAS


Portada libro de Manuel Rivas

En salvaje compañía, de Manuel Rivas


Novela casi atemporal situada, sin embargo, en una Galicia de nuestros días pero que conserva toda la magia ancestral. Los personajes principales son los habitantes de una aldea perdida cuyas vidas son observadas por otros lugareños del pasado reencarnados en animales (el cura, don Xil es un ratón; el último rey de Galicia, un cuervo blanco…). La acción se centra en la vida cotidiana de Rosa, antigua guardesa del Pazo de Arán; es un personajecargado de humanidad por su continuo trajín doméstico, por su soledad y su entereza.
El lenguaje es muy rico y variado. La narración es casi poética en muchos pasajes y claramente fantástica en algunos momentos como en el capítulo que narra el camino que recorre Simón (hermano mudo de Rosa) hasta la mujer de la que está enamorado.

 

Alfaguara. Bolsillo. 1999



Cuento Mandan sobre el Pájaro que volvía amarga la Carne


Mirando por las cabañas del poblado, Coyote vio sartas de carne atasajada, pero el Pueblo estaba flaco. Preguntó por qué era así. El Pueblo dijo: "Cuando vamos a cazar, sólo los matarifes más rápidos pueden llevar carne a su casa en buen estado. Hay un Cuervo que vuela por encima diciendo: "¡Vuélvete amarga! ¡Vuélvete amarga!" (gi-ba, en mandan), y la carne se vuelve amarga". Coyote pidió una muestra. La masticó pero no pudo tragarla, de tan amarga como estaba. Dijo: "Tengo que arreglar esto". Envió por leña y la hizo apilar a punto de encender, poniendo antes estiércol, porque mantiene las llamas durante mucho tiempo. Luego, hizo que los hombres cogieran soga de madera e hicieran una trampa. Llenó su pipa y pidió ayuda a sus semejantes. La gran Araña llegó en su ayuda, y él encendió la pipa para que la Araña fumase. El Cuervo vivía en un árbol hueco, del que salía volando cuando los hombres sacrificaban los animales.Gran Araña dijo: "Es fácil atrapar a ese Pájaro. Disponte a atraparlo en el fuego, y que arda. Algunas de las plumas volarán al aire y se convertirán en Pájaros.  Cuando veas volar un Cuervo Blanco y gritar: "Al final del Mundo, se verá un Cuervo Blanco como señal de que el Mundo se aproxima a su final", habrá terminado todo.
Enviaron a jóvenes a las colinas a explorar. Dieron cuenta de que había Bisonte. Se prepararon para la caza. Los corredores más veloces fueron en cabeza para rodear la manada. El Bisonte siempre corre hacia el Viento, pero los corredores los condujeron hacia los demás cazadores. Estos formaron un corral en el que mataron a toda la manada. Los hombres con familias numerosas llevaron carne a su casa; otros siguieron detrás. Mientras tanto, unos cuantos observaban junto al árbol hueco. Cuando el Pájaro salió, antes de que pudiera gritar, Coyote lo agarró por el cuello y lo arrastró al suelo. Tenía la cabeza de un hombre y el cuerpo de un Pájaro. La cara era humana pero no tenía pelo. El cuerpo tenía alas y un largo cuello. Daba espanto verle. Coyote dio de porrazos al Pájaro y lo arrojó a las llamas. Volaron plumas, que se convirtieron en Pájaros y se fueron volando. Coyote machacó con su maza los huesos sin quemar.. Finalmente, salió volando un Cuervo Blanco, que dijo: "¡Cuando el Mundo esté a punto de terminar, volveré a vosotros!" Y Coyote dijo al Pueblo que esa había de ser una señal para ellos.


Paradoja de los cuervos


Ésta es una extraña paradoja.
Enunciemos la siguiente ley científica:
Todos los cuervos son negros

Si solamente se hubieran observado tres o cuatro cuervos negros, la ley estaría débilmente confirmada. Si observamos millones de cuervos, y todos son negros, la ley estaría fuertemente confirmada. Si existiese un cuervo blanco, pero no lo observáramos, no sabríamos que la ley es falsa. ¿Qué pasaría si observásemos una oruga amarilla?. ¿Podría servirnos para confirmar la ley que hemos enunciado?
Enunciemos la ley de esta otra forma:
Todo objeto no-negro es no-cuervo

Esta es la misma ley enunciada antes, porque tenemos una doble negación. Al ver la oruga amarilla, vemos que es un objeto no-negro, y que es un no-cuervo, por tanto, queda confirmada la ley Todo objeto no-negro es no-cuervo y, a su vez, queda confirmada la ley Todos los cuervos son negros, por ser leyes equivalentes. Por cada objeto no-negro que sea no-cuervo que observemos confirmamos las leyes enunciadas.
Por supuesto, estas confirmaciones son muy pequeñas, pues existen millones de objetos no-negros que son no-cuervos. Cuantos menos objetos hubiera, más se confirmaría la ley por cada objeto no-negro que sea no-cuervo. Sin embargo, siguiendo este razonamiento, se puede enunciar la ley Todos los cuervos son blancos, hallar la ley equivalente, Todo objeto no-blanco es no-cuervo, y encontrar confirmación de esta ley igual que con la otra. ¿Cómo es posible que los mismos objetos confirmen leyes opuestas?.
Esta paradoja fue inventada por el profesor Carl Hempel, y también se la conoce como paradoja de Hempel.


El cuervo blanco


En un bosque perdido, tanto que ni los arbóreos elfos habían oído hablar de él, habitaba solitario un cuervo blanco. Ya no recordaba cuánto tiempo llevaba sobre la tierra, o más exactamente, sobre las ramas de los árboles, sobrevolando los cielos. Blanco como la leche, sin una mota que perturbara su pureza, parecía más un fantasma que un ave. Quizás lo fuera... Se alimentaba de los gusanos que vivían a pocos centimetros bajo la tierra del bosque, escasos pero muy sabrosos, y bebía de las aguas de un arroyuelo cercano. El dia le asustaba, además de dañarle los ojos y el plumaje, asi que se aventuraba a volar tan solo de noche. A pesar de su todo, el cuervo era feliz ya que no le faltaba nada; o mejor dicho no echaba nada en falta, pues todo lo que tenía era todo lo que conocía...

Una noche, el pájaro se alejó un poco mas de lo habitual de sus dominios, y llegó hasta las lindes del bosque. Ante él se abría un prado lleno de flores, que llegaba hasta donde era capaz de ver bajo la luz de la luna llena. Se escuchaba un curioso chirrío, producido por los grillos, pero que nuestro cuervo no habia oído nunca antes. Ese sonido llenó al pajaro de inquietud y se dispuso a averiguar su causa. Saltó de la rama del roble en que estaba posado y se acercó volando suavemente al primer insecto que pudo localizar. Este, huyó rapidamente del supuesto depredador, se refugió en su guarida y se calló. Sin darse por vencida, el ave fue recorriendo la llanura, visitando a cuantos grillos pudo encontrar, pero ninguno tuvo la amabilidad de dedicarle ni tan siquiera un pequeña balada... Cual luciérnaga, el cuervo blanco fue alejándose cada vez más y más de su hogar, intentando en vano saciar su curiosidad y su hambre de saber.

Hacia la medianoche, el cuervo albino estaba a muchos kilómetros de distancia de su querido bosque, pero el no prestaba atención mas que al chirriar de los insectos; al acercarse el amanecer y querer volver a casa, no supo que dirección tomar, asi que decidió esconderse bajo un espeso arbusto hasta que se fuera el sol, tan maligno. Escondió la cabeza bajo un ala y se durmió.
Le despertó la voz de una dama que recorría el prado con su escolta. Todos vestido con negras armaduras parecían recién sacados de un cuento de hadas. La pricesa, eso le parecio al cuervo que sería, con sus soldados y damas de compañia, caminaban con despreocupación cantando a la noche que se acercaba. La voz hizo que el cuervo olvidara su miedo al sol, que por otra parte ya casi habia desaparecido, y salió de su escondite para posarse sobre uno de los caballos del carruaje. Y acompañó, con mas pena que gloria, con sus graznidos la melodia que envolvia su alma con hilos de plata y oro.
"Señor Cuervo, bienvenido. ¿Acaso nos esperabais?", preguntó la dama con una gran sonrisa.
"Es la primera vez que tengo noticias de vos, pero creo que mi alma esperaba este momento. Todo mi ser, diria.", respondió una vez pudo sobreponerse a la sorpresa. La dama resplandecia bajo los ultimos rayos de la tarde, "Mas que una princesa debe ser una diosa.", pensó.
"Nosotros si os esperabamos, en realidad hemos estado observandoos, y sabemos que no teneis malas intenciones. Quizás podais ayudarnos..."
"Estoy ansioso por pagar mi deuda, he renacido con vuestro canto y el espectáculo de vuestra presencia. Pero, ¿que podría hacer yo para ayudaros? No soy más que un pobre pájaro."
"Nuestras tierras han sido invadidas por una tribu salvaje que nos está destruyendo poco a poco. Nuestro oráculo ha predicho que un campeón que no pertenece a nuestra raza vendrá vestido de luz para salvarnos. ¿Querríais ser ese campeon? ¿Querríais salvarnos de la muerte y del olvido?"
"Sí, si creéis que soy yo, intentaré salvaros, pero ¿cómo?"
La princesa miró al cuervo con una mezcla de satisfacción y veneración en la cara y le entregó una semilla.
"Comed esto y os trasportará al pueblo de los invasores, una vez allí dejaros llevar por el destino", dicho esto la comitiva desapareció ante sus ojos. Solo quedó la luz de la luna y el cantar de los grillos en la noche...El cuervo, asombrado pero dispuesto a cumplir con su palabra, engullió la semilla y se preparó para... ¿para que? Un instante después él también desapareció del prado. Los grillos cantaban ahora con mas ímpetu, como despidiendo al héroe...Se había dormido, no sabia por cuanto tiempo, pero cuando despertó el cuervo se encontró rodeado de piedras y tierra, estaba en unas cuevas que no había visto nunca. Todo era muy extraño.
Se oía el ruido de pasos en la distacia, y el cuervo se dijo que fuera lo que fuese lo que alli le esperaba, le haría frente. Siguió el túnel durante lo que a él le parecieron horas hasta que inesperadamente se encontró en una sala abovedada. No había luz del exterior que llegara hasta aquél lugar, pero la vista del ave, acostumbrada a la oscuridad de la noche, pudo hacerle ver, aterrorizado, cómo seis goblins armados con anchas y bastas espadas curvas hostigaban a un soldado vestido de negro, como los que acompañaban a la princesa. Sin pensarselo dos veces, salió disparado, cogió con su mano (¿su mano?) el hacha que levaba a la cintura (¿cintura?) y la blandió con rabia contra los goblins. Cuando estos se dieron en desbandada, el cuervo se observó atentamente; gracias a la magia de la semilla el cuervo ya no era tal, sino un guerrero vestido con una brillante armadura blanca. El soldado que habia estado a punto de perecer a manos de tan horribles criaturas se arrodilló ante él y con voz queda le dijo: "Al fin has venido, te debo la vida y espero deberte la de todo mi pueblo. Ahora no hay tiempo que perder, siguemé, yo seré tu guia."
"¿Qué ocurre aquí? ¿Qué es lo que debo hacer?", preguntó el Caballero Blanco cade vez mas confuso.
"¡Nos están robando la comida que guardamos para el invierno! ¡Debemos impedírselo!"
Dicho ésto salieron corriendo hacia las profundidades de la tierra. Llegaron en poco tiempo a la despensa, una enorme cavidad repleta de sacos de grano y otras vituallas, que unas pocas decenas de soldados intentaban defender del ataque de cientos de goblins armados hasta los dientes. Les salvaba de ser aplastados por los invasores el hecho de que éstos eran mucho mas pequeños y estaban peor armados, pero no aguantarían mucho más.
A golpe de hacha, el Albino se abrió paso hasta las posiciones de defensa y allí se hizo fuerte. Tenía siempre presente a la dama que habia pedido su ayuda, y por ello luchaba con más ganas aún.
Al cabo de un rato y casi sin darse cuenta, los soldados comandados por el Caballero Blanco habían expulsado de su guarida a todos los goblins. Ya no volverían. El invierno estaba cerca y todo quedaría en calma tras las nieves.
En ese momento apareció la Dama Negra, y se acercó al cuervo.
"Nos has salvado, te debemos todo lo que somos, pues sin tu ayuda seguramente habríamos perecido este invierno. Dime que quieres de nosotros y te será concedido."
El cuervo rápidamente, sin tener que pensarlo, dijo "Lo que mas quiero es estar siempre a vuestro lado, escuchar vuestras voces y participar de vuestros cantos. Quiero quedarme."
La Dama le observó muy complacida, le cogió de las manos y le susurró unas palabras al oido:
"Te quedarás y así aprenderás nuestros secretos. Ven y siéntate a mi lado, Príncipe de los Grillos."Ahora se cuenta que hay un prado no muy lejos de aquí donde los grillos cantan día y noche sin parar. También dicen que en algún lugar de ese prado un grillo Blanco y otro negro pasan las noches juntos cantando a la luna y susurrándose secretos al oído. Y que las hormigas, fastidiosas como goblins en otros lugares, nunca han vuelto a hostigarlos en aquél lugar.

(Para Mº Isabel, Promesa de Dios, Regalo del Rey, Dama de la Luna, Dueña del los Corazones del Druida, Grillo Bendito)

Leido en: http://www.angelfire.com/ks/minotauro/cuervo.html


Cuento escrito por Óscar Mora


Mediodía en el campo. El olor que notamos es el de recién plantado, las sombras del fondo son una hilera de árboles, deben ser higueras; las sombras en primer término son de dos personas, digamos Juan y Manuel para hacerlos más impersonales. Han crecido con estos árboles, con las curvas del campo y la mutua presencia, por eso es que nunca han necesitado más que un centenar de palabras para decirse todo, y, desde luego, rehuyen la confidencia y la intimidad porque saben que sería una falta de respeto hacia el otro.
Esto nos convierte en privilegiados, porque en este mediodía de tierra arada esta mañana, vamos a asistir a una de esas escasas conversaciones.
– Ese animal no me gusta.
– Es un cuervo
– Sí.
Se han acercado al final del bancal y descubrimos que sí, efectivamente son higueras, y escudriñan casi con hastío una rama no muy alta pero sí fuera de su alcance.
– ¿Cuánto hace que no veíamos un cuervo?
– Por lo menos quince años.
– Por lo menos.
– Pues hay algo de este que no me gusta.
– Una inteligencia maligna…
–Parece que comprenda…
–…como si es una persona o como si fue una persona.
–…pero es sólo un pájaro.
Se hace un silencio. Parece que esperen que les hable, les diga que tienen razón y que es un animal completamente normal. Pero sólo se limpia las plumas, ausente.
– Dicen que trae mala suerte.
– Eso dicen.
Y nuestro cuervo, ajeno a ellos, continúa rascándose con la punta de su pico las plumas bajo el ala que son, igual que el resto del animal, enteramente blancas.


 EL CUERVO (Federico Andahazi)


En el sitio más encumbrado del macizo promontorio que separa Verona de Trento, sobre el último peñón que se destaca del collar de morros que corona la cima del Monte Veldo, tan quieto como la roca donde se posaba, el perfil de un cuervo se recortaba contra el confín crepuscular, cuyo epicentro dorado no parecía provenir del sol —aún virtual—, sino de la misma dorada Venecia. Como si el fundamento de aquella bóveda de luz fuera el de las remotas cúpulas bizantinas de la Catedral de San Marco. Era el crepúsculo que antecede al día. El cuervo estaba esperando. Tenía paciencia. Y tenía, como siempre, un hambre voraz pero no perentoria. Su dominio era toda Venecia: la Venecia Eugánea —Treviso, Rovigo, Verona y, más allá, Vicenza— y también la Venecia Julia. Pero su paradero estaba en Padua.
   Abajo todo se hallaba dispuesto para la fiesta de San Teodorico, la festa di tori. Después del mediodía, la multitud, entre trago y trago, habría de manear cinco o seis bueyes que, uno a uno y tomados de las astas por otras tantas mujeres, serían degollados de un único y exacto golpe de sable. Se diría que el cuervo sabía que así habría de ser. Olía por anticipado el olor que más le gustaba. Pero sabía, también, que, con fortuna, apenas si podría rapiñar una miserable tripa o un ojo, que tendría que disputar con los perros. No valía la pena ni el viaje, ni el riesgo, ni el esfuerzo.
   Aún no se había movido. Tenía la paciencia de los cuervos. Hubiera podido esperar a que los autómatas de la torre del reloj golpearan la última campanada cuando, como todas las mañanas, desde el Canal Grande apareciera la barcaza pública que pasaba a recoger los cadáveres del Hospital de Humberto Primo hasta la Isla del Cementerio. Pero tampoco valdría la pena; con suerte podría arrebatar un jirón de carne mala, demasiado magra y ya diezmada por la peste.
   Giró sobre sus patas y miró hacia el lado opuesto —el Este—, donde estaba su morada. Allí estaba su amo. Entonces remontó vuelo a Padua.
 
IIVoló sobre las diez cúpulas de la basílica y después sobre la Universidad. Se posó sobre el capitel de la cuarta puerta que daba hacia el patio interior. Esperaba. Sabía que su amo habría de salir de un momento a otro. Así sucedía todos los días. Tenía paciencia. Extendió un ala y metió su pico entre las plumas. Se diría que no prestaba atención a otra cosa que a los íntimos agasajos que se prodigaba: acomodarse las plumas del pecho, desembarazarse de un piojo.
   En el mismo momento en que sonó la campana que llamaba a misa, el cuervo se tensó como una cuerda, desplegó las alas morosamente, emitió un graznido sordo y se preparó a dar el salto sobre el hombro de su amo, que, como todas las mañanas, habría de asomar desde la recova y, antes de encaminarse a la parroquia, se llegaría hasta la morgue para darle a su cuervo lo que tanto le gustaba: una tripa todavía tibia.
   Sin embargo, aquella mañana de invierno las cosas no iban a ser iguales. Había terminado de sonar la primera campanada y su amo todavía no se había asomado. El cuervo sabía que su señor estaba dentro del claustro, podía olerlo, hasta podía escuchar su respiración. Y sin embargo no salía. El cuervo graznó de fastidio. Tenía hambre.
   El cuervo y su amo sabían quién era quién. Y por ese mismo motivo se prodigaban un mutuo y velado recelo. Leonardino —ése es el nombre que el amo le había puesto— nunca se posaba francamente sobre el hombro de su señor; mantenía una distancia mínima entre sus patas y la estola, elevándose con un aleteo corto y regular. Tampoco el amo se fiaba de su compañero. Uno y otro —ambos lo sabían— compartían el mismo espíritu inquisitivo por indagar qué se oculta detrás de la carne.
   Sonó la segunda campanada y su amo seguía sin aparecer. Algo raro sucedía, el cuervo podía adivinarlo.
Todos los días, Leonardino, posado sobre la balaustrada de la escalera de la morgue, seguía atentamente los movimientos de su amo, sus manos que, sabiamente, guiaban el escalpelo; entonces, cuando veía la sangre que surgía tras del delgado surco que a su paso dejaba la hoja, Leonardino se balanceaba hacia izquierda y derecha y emitía un graznido de satisfacción.
   Por mucho que lo había intentado, el amo no había conseguido que Leonardino comiera de su mano; y en verdad no le faltaban motivos para temer; el cuervo sabía de quién era la tripa que su amo le había ofrecido el día anterior, reconocía el olor de aquel gato que, hasta ayer, se sentaba confiado sobre la falda del hombre y que, con la misma mano con que lo acariciaba y le daba de comer, lo había vaciado para disecarlo.
   —Leonardino...—canturreaba el amo a la vez que se acercaba lentamente hacia el cuervo blandiendo una tripa con el brazo tendido.
   —Leonardino... —repetía y, conforme avanzaba un paso, el cuervo retrocedía otro.
   Leonardino no miraba la tripa; la olía, sí, pero no la miraba. Tenía sus ojos siempre clavados en los de su amo que, al parecer, le resultaban más apetitosos que aquel trozo de intestino. Entonces el hombre le arrojaba la tripa y el cuervo la tomaba en su pico con una voracidad largamente contenida.
   Sin embargo, aquella mañana nadie asomó desde la recova. Sonaba la tercera campanada cuando el cuervo supo que su amo no habría de asistir a la cita cotidiana. Disgustado y hambriento, Leonardino voló con rumbo a Venecia.

Leido en: http://www.literatura.org/Andahazi/anatomista/faanat2.html



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