En el examen científico de
fenómenos inusuales, sólo es necesario encontrar "un
cuervo blanco" para probar que no todos los cuervos son negros.
(William James)
Inicio > los cuervos blancosDiccionario de Mitos y Leyendas
Myths & Leyends- para encontrar cualquier
leyenda, separados por países y culturas. (inglés)
Enciclopedia
Mítica - más de 4.000 entradas con todos los
Dioses y Mitos del mundo. (inglés)
Mything links - colecciones de Mitos y Cuentos
de Hadas de todos los lugares del mundo. (inglés)
The Center for Story & Symbol (inglés)
Las fénix vuelan por el cielo para difundir las buenas noticias
Los patos mandarines son leales y compañeros la vida entera
Los cuervos mantienen a sus padres cuando se ponen viejos
Las palomas mensajeras reparten cartas y mensajes para la humanidad
Las golondrinas regresan al norte cuando la primavera se acerca
Los halcones viajan miles de millas en soledad
Es una hermosa mañana soleada. Una suave fragancia de capullos de flor se filtra en el aire. Los pájaros cantan fuera de las aulas.
Sr. Wang: Chicos, en nuestra clase de idioma chino de hoy, hablaremos del caracter chino para pájaro. Hablando de pájaros, quisiera saber cuánto saben ustedes de ellos.
Ying Ying: Cada pájaro tiene un par de alas. Los pájaros pueden volar.
Yuan Yuan: Un pájaro tiene un pico duro. Algunos picos de pájaros parecen garfios.
Sr. Wang: Muy bien. ¿Quisieran oír una historia sobre los pájaros?
Clase: ¡Sí!
Había una vez, un antiguo bosque en donde vivían muchos pájaros. Los pájaros tenían plumas muy coloridas que eran tan bellas como el arcoiris en el cielo. Un día decidieron llevar a cabo un desfile de belleza. El ganador sería el nuevo embajador de buena voluntad, responsable de hacer amistad con otras especies de animales y promover la naturaleza pacífica de los pájaros. Al oír las noticias sobre el próximo desfile de belleza, todos los pájaros, excepto un cuervo, estaban vistiéndose felizmente intentando lucir lo mejor posible. El cuervo estaba llorando tristemente por no tener hermosas plumas, cuando de repente vio muchas plumas coloridas en la rivera. Aparentemente estas plumas se les habían caído a otros pájaros mientras se bañaban en el río. El cuervo estaba encantado con su descubri-miento. Se pegó todas las plumas al cuerpo y se transformó en un hermoso pájaro.
En el desfile de belleza, el cuervo fue votado embajador de buena voluntad. Sin embargo, cuando se puso la tiara, en un éxtasis perdió su cabeza. Comenzó a cantar y bailar. Una por una, las plumas se le cayeron del cuerpo. La verdadera apariencia del cuervo quedó revelada. Los pájaros que habían sido engañados por su falsa apariencia estaban desconcertados. El cuervo fue invadido por la vergüenza y estalló en llanto.
Otros pájaros se acercaron al cuervo a consolarlo.
Pájaros: De hecho, tienes unas hermosas y brillantes plumas de ébano. ¡No hay necesidad de sentirse inferior!
El cuervo se conmovió mucho al ver que nadie lo había criticado. En cambio, todos los pájaros lo perdonaron y consolaron. El pidió sinceras disculpas a todos los pájaros. Aunque no se convirtió en embajador de la buena voluntad, se convirtió en un buen amigo de todos los pájaros.
Ying Ying: ¡Los cuervos son tan bonitos! ¡No necesitan tomar prestadas las plumas de otros pájaros para lucir bien!
Sr. Wang: ¡Tienes razón! Uno debe tener un corazón bondadoso para ser embajador de la buena voluntad. El aspecto es relativamente insignificante.
Xiao Bei: Sr. Wang, ¿nos podría contar el origen del caracter chino para pájaro?
Sr. Wang: Seguro. ¿Porque no le echamos una mirada a este encantador personaje?
Hay muchas especies diferentes de pájaros. Por lo tanto, hay muchas variaciones de caracteres para pájaro en las antiguas escrituras chinas de oráculo en hueso. Una variación mostraba a un pájaro mirando hacia abajo buscando comida. Otra variación mostraba un pájaro mirando al cielo. Aun otra variación mostraba a un pájaro parado tranquilamente. Cada variación tenía hermosas líneas. El caracter para pájaro en la caligrafía del «Pequeño Sello» aún se parece al retrato de un pájaro. Incluso tiene un par de ojos, un par de alas que dominan al caracter, así como un par de patas en la base. Lamentablemente, las patas han sido transformados en cuatro puntos en la versión moderna del caracter. El carácter para pájaro ahora no luce tanto como un pájaro.
Xiao Bei: ¡Oh! ¡Entonces esa es la evolución del caracter para pájaro!

En salvaje compañía, de Manuel Rivas
Novela casi atemporal situada, sin embargo, en una Galicia de
nuestros días pero que conserva toda la magia ancestral. Los
personajes principales son los habitantes de una aldea perdida
cuyas vidas son observadas por otros lugareños del pasado
reencarnados en animales (el cura, don Xil es un ratón; el
último rey de Galicia, un cuervo blanco…). La
acción se centra en la vida cotidiana de Rosa, antigua
guardesa del Pazo de Arán; es un personajecargado de
humanidad por su continuo trajín doméstico, por su
soledad y su entereza.
El lenguaje es muy rico y variado. La narración es casi
poética en muchos pasajes y claramente fantástica en
algunos momentos como en el capítulo que narra el camino que
recorre Simón (hermano mudo de Rosa) hasta la mujer de la
que está enamorado.
Alfaguara. Bolsillo. 1999
Cuento Mandan sobre el Pájaro que volvía amarga la Carne
Mirando por las cabañas del poblado, Coyote vio sartas de
carne atasajada, pero el Pueblo estaba flaco. Preguntó por
qué era así. El Pueblo dijo: "Cuando vamos a cazar,
sólo los matarifes más rápidos pueden llevar
carne a su casa en buen estado. Hay un Cuervo que vuela por encima
diciendo: "¡Vuélvete amarga! ¡Vuélvete
amarga!" (gi-ba, en mandan), y la carne se vuelve amarga". Coyote
pidió una muestra. La masticó pero no pudo tragarla,
de tan amarga como estaba. Dijo: "Tengo que arreglar esto".
Envió por leña y la hizo apilar a punto de encender,
poniendo antes estiércol, porque mantiene las llamas durante
mucho tiempo. Luego, hizo que los hombres cogieran soga de madera e
hicieran una trampa. Llenó su pipa y pidió ayuda a
sus semejantes. La gran Araña llegó en su ayuda, y
él encendió la pipa para que la Araña fumase.
El Cuervo vivía en un árbol hueco, del que
salía volando cuando los hombres sacrificaban los
animales.Gran Araña dijo: "Es fácil atrapar a ese
Pájaro. Disponte a atraparlo en el fuego, y que arda.
Algunas de las plumas volarán al aire y se
convertirán en Pájaros. Cuando veas volar un
Cuervo Blanco y gritar: "Al final del Mundo, se verá
un Cuervo Blanco como señal de que el Mundo se
aproxima a su final", habrá terminado todo.
Enviaron a jóvenes a las colinas a explorar. Dieron cuenta
de que había Bisonte. Se prepararon para la caza. Los
corredores más veloces fueron en cabeza para rodear la
manada. El Bisonte siempre corre hacia el Viento, pero los
corredores los condujeron hacia los demás cazadores. Estos
formaron un corral en el que mataron a toda la manada. Los hombres
con familias numerosas llevaron carne a su casa; otros siguieron
detrás. Mientras tanto, unos cuantos observaban junto al
árbol hueco. Cuando el Pájaro salió, antes de
que pudiera gritar, Coyote lo agarró por el cuello y lo
arrastró al suelo. Tenía la cabeza de un hombre y el
cuerpo de un Pájaro. La cara era humana pero no tenía
pelo. El cuerpo tenía alas y un largo cuello. Daba espanto
verle. Coyote dio de porrazos al Pájaro y lo arrojó a
las llamas. Volaron plumas, que se convirtieron en Pájaros y
se fueron volando. Coyote machacó con su maza los huesos sin
quemar.. Finalmente, salió volando un Cuervo Blanco,
que dijo: "¡Cuando el Mundo esté a punto de terminar,
volveré a vosotros!" Y Coyote dijo al Pueblo que esa
había de ser una señal para ellos.
Paradoja de los cuervos
Ésta es una extraña paradoja.
Enunciemos la siguiente ley científica:
Todos los cuervos son negros
Si solamente se hubieran observado tres o cuatro
cuervos negros, la ley estaría débilmente confirmada.
Si observamos millones de cuervos, y todos son negros, la ley
estaría fuertemente confirmada. Si existiese un cuervo
blanco, pero no lo observáramos, no sabríamos que la
ley es falsa. ¿Qué pasaría si
observásemos una oruga amarilla?. ¿Podría
servirnos para confirmar la ley que hemos enunciado?
Enunciemos la ley de esta otra forma:
Todo objeto no-negro es no-cuervo
Esta es la misma ley enunciada antes, porque tenemos
una doble negación. Al ver la oruga amarilla, vemos que es
un objeto no-negro, y que es un no-cuervo, por tanto, queda
confirmada la ley Todo objeto no-negro es no-cuervo y, a su vez,
queda confirmada la ley Todos los cuervos son negros, por ser leyes
equivalentes. Por cada objeto no-negro que sea no-cuervo que
observemos confirmamos las leyes enunciadas.
Por supuesto, estas confirmaciones son muy pequeñas, pues
existen millones de objetos no-negros que son no-cuervos. Cuantos
menos objetos hubiera, más se confirmaría la ley por
cada objeto no-negro que sea no-cuervo. Sin embargo, siguiendo este
razonamiento, se puede enunciar la ley Todos los cuervos son
blancos, hallar la ley equivalente, Todo objeto no-blanco es
no-cuervo, y encontrar confirmación de esta ley igual que
con la otra. ¿Cómo es posible que los mismos objetos
confirmen leyes opuestas?.
Esta paradoja fue inventada por el profesor Carl Hempel, y
también se la conoce como paradoja de Hempel.
El cuervo blanco
En un bosque perdido, tanto que ni los arbóreos elfos habían oído hablar de él, habitaba solitario un cuervo blanco. Ya no recordaba cuánto tiempo llevaba sobre la tierra, o más exactamente, sobre las ramas de los árboles, sobrevolando los cielos. Blanco como la leche, sin una mota que perturbara su pureza, parecía más un fantasma que un ave. Quizás lo fuera... Se alimentaba de los gusanos que vivían a pocos centimetros bajo la tierra del bosque, escasos pero muy sabrosos, y bebía de las aguas de un arroyuelo cercano. El dia le asustaba, además de dañarle los ojos y el plumaje, asi que se aventuraba a volar tan solo de noche. A pesar de su todo, el cuervo era feliz ya que no le faltaba nada; o mejor dicho no echaba nada en falta, pues todo lo que tenía era todo lo que conocía...
Una noche, el pájaro se alejó un poco mas de lo habitual de sus dominios, y llegó hasta las lindes del bosque. Ante él se abría un prado lleno de flores, que llegaba hasta donde era capaz de ver bajo la luz de la luna llena. Se escuchaba un curioso chirrío, producido por los grillos, pero que nuestro cuervo no habia oído nunca antes. Ese sonido llenó al pajaro de inquietud y se dispuso a averiguar su causa. Saltó de la rama del roble en que estaba posado y se acercó volando suavemente al primer insecto que pudo localizar. Este, huyó rapidamente del supuesto depredador, se refugió en su guarida y se calló. Sin darse por vencida, el ave fue recorriendo la llanura, visitando a cuantos grillos pudo encontrar, pero ninguno tuvo la amabilidad de dedicarle ni tan siquiera un pequeña balada... Cual luciérnaga, el cuervo blanco fue alejándose cada vez más y más de su hogar, intentando en vano saciar su curiosidad y su hambre de saber.
Hacia la medianoche, el cuervo albino estaba a
muchos kilómetros de distancia de su querido bosque, pero el
no prestaba atención mas que al chirriar de los insectos; al
acercarse el amanecer y querer volver a casa, no supo que
dirección tomar, asi que decidió esconderse bajo un
espeso arbusto hasta que se fuera el sol, tan maligno.
Escondió la cabeza bajo un ala y se durmió.
Le despertó la voz de una dama que recorría el prado
con su escolta. Todos vestido con negras armaduras parecían
recién sacados de un cuento de hadas. La pricesa, eso le
parecio al cuervo que sería, con sus soldados y damas de
compañia, caminaban con despreocupación cantando a la
noche que se acercaba. La voz hizo que el cuervo olvidara su miedo
al sol, que por otra parte ya casi habia desaparecido, y
salió de su escondite para posarse sobre uno de los caballos
del carruaje. Y acompañó, con mas pena que gloria,
con sus graznidos la melodia que envolvia su alma con hilos de
plata y oro.
"Señor Cuervo, bienvenido. ¿Acaso nos esperabais?",
preguntó la dama con una gran sonrisa.
"Es la primera vez que tengo noticias de vos, pero creo que mi
alma esperaba este momento. Todo mi ser, diria.", respondió
una vez pudo sobreponerse a la sorpresa. La dama resplandecia bajo
los ultimos rayos de la tarde, "Mas que una princesa debe ser una
diosa.", pensó.
"Nosotros si os esperabamos, en realidad hemos estado
observandoos, y sabemos que no teneis malas intenciones.
Quizás podais ayudarnos..."
"Estoy ansioso por pagar mi deuda, he renacido con vuestro canto y
el espectáculo de vuestra presencia. Pero, ¿que
podría hacer yo para ayudaros? No soy más que un
pobre pájaro."
"Nuestras tierras han sido invadidas por una tribu salvaje que nos
está destruyendo poco a poco. Nuestro oráculo ha
predicho que un campeón que no pertenece a nuestra raza
vendrá vestido de luz para salvarnos.
¿Querríais ser ese campeon? ¿Querríais
salvarnos de la muerte y del olvido?"
"Sí, si creéis que soy yo, intentaré
salvaros, pero ¿cómo?"
La princesa miró al cuervo con una mezcla de
satisfacción y veneración en la cara y le
entregó una semilla.
"Comed esto y os trasportará al pueblo de los invasores,
una vez allí dejaros llevar por el destino", dicho esto la
comitiva desapareció ante sus ojos. Solo quedó la luz
de la luna y el cantar de los grillos en la noche...El cuervo,
asombrado pero dispuesto a cumplir con su palabra, engullió
la semilla y se preparó para... ¿para que? Un
instante después él también desapareció
del prado. Los grillos cantaban ahora con mas ímpetu, como
despidiendo al héroe...Se había dormido, no sabia por
cuanto tiempo, pero cuando despertó el cuervo se
encontró rodeado de piedras y tierra, estaba en unas cuevas
que no había visto nunca. Todo era muy extraño.
Se oía el ruido de pasos en la distacia, y el cuervo se
dijo que fuera lo que fuese lo que alli le esperaba, le
haría frente. Siguió el túnel durante lo que a
él le parecieron horas hasta que inesperadamente se
encontró en una sala abovedada. No había luz del
exterior que llegara hasta aquél lugar, pero la vista del
ave, acostumbrada a la oscuridad de la noche, pudo hacerle ver,
aterrorizado, cómo seis goblins armados con anchas y bastas
espadas curvas hostigaban a un soldado vestido de negro, como los
que acompañaban a la princesa. Sin pensarselo dos veces,
salió disparado, cogió con su mano (¿su mano?)
el hacha que levaba a la cintura (¿cintura?) y la
blandió con rabia contra los goblins. Cuando estos se dieron
en desbandada, el cuervo se observó atentamente; gracias a
la magia de la semilla el cuervo ya no era tal, sino un guerrero
vestido con una brillante armadura blanca. El soldado que habia
estado a punto de perecer a manos de tan horribles criaturas se
arrodilló ante él y con voz queda le dijo: "Al fin
has venido, te debo la vida y espero deberte la de todo mi pueblo.
Ahora no hay tiempo que perder, siguemé, yo seré tu
guia."
"¿Qué ocurre aquí? ¿Qué es lo
que debo hacer?", preguntó el Caballero Blanco cade vez mas
confuso.
"¡Nos están robando la comida que guardamos para el
invierno! ¡Debemos impedírselo!"
Dicho ésto salieron corriendo hacia las profundidades de la
tierra. Llegaron en poco tiempo a la despensa, una enorme cavidad
repleta de sacos de grano y otras vituallas, que unas pocas decenas
de soldados intentaban defender del ataque de cientos de goblins
armados hasta los dientes. Les salvaba de ser aplastados por los
invasores el hecho de que éstos eran mucho mas
pequeños y estaban peor armados, pero no aguantarían
mucho más.
A golpe de hacha, el Albino se abrió paso hasta las
posiciones de defensa y allí se hizo fuerte. Tenía
siempre presente a la dama que habia pedido su ayuda, y por ello
luchaba con más ganas aún.
Al cabo de un rato y casi sin darse cuenta, los soldados
comandados por el Caballero Blanco habían expulsado de su
guarida a todos los goblins. Ya no volverían. El invierno
estaba cerca y todo quedaría en calma tras las nieves.
En ese momento apareció la Dama Negra, y se acercó
al cuervo.
"Nos has salvado, te debemos todo lo que somos, pues sin tu ayuda
seguramente habríamos perecido este invierno. Dime que
quieres de nosotros y te será concedido."
El cuervo rápidamente, sin tener que pensarlo, dijo "Lo que
mas quiero es estar siempre a vuestro lado, escuchar vuestras voces
y participar de vuestros cantos. Quiero quedarme."
La Dama le observó muy complacida, le cogió de las
manos y le susurró unas palabras al oido:
"Te quedarás y así aprenderás nuestros
secretos. Ven y siéntate a mi lado, Príncipe de los
Grillos."Ahora se cuenta que hay un prado no muy lejos de
aquí donde los grillos cantan día y noche sin parar.
También dicen que en algún lugar de ese prado un
grillo Blanco y otro negro pasan las noches juntos cantando a la
luna y susurrándose secretos al oído. Y que las
hormigas, fastidiosas como goblins en otros lugares, nunca han
vuelto a hostigarlos en aquél lugar.
(Para Mº Isabel, Promesa de Dios, Regalo del Rey, Dama de la
Luna, Dueña del los Corazones del Druida, Grillo
Bendito)
Leido en: http://www.angelfire.com/ks/minotauro/cuervo.html
Cuento escrito por Óscar Mora
Mediodía en el campo. El olor que notamos es
el de recién plantado, las sombras del fondo son una hilera
de árboles, deben ser higueras; las sombras en primer
término son de dos personas, digamos Juan y Manuel para
hacerlos más impersonales. Han crecido con estos
árboles, con las curvas del campo y la mutua presencia, por
eso es que nunca han necesitado más que un centenar de
palabras para decirse todo, y, desde luego, rehuyen la confidencia
y la intimidad porque saben que sería una falta de respeto
hacia el otro.
Esto nos convierte en privilegiados, porque en este
mediodía de tierra arada esta mañana, vamos a asistir
a una de esas escasas conversaciones.
– Ese animal no me gusta.
– Es un cuervo
– Sí.
Se han acercado al final del bancal y descubrimos que sí,
efectivamente son higueras, y escudriñan casi con
hastío una rama no muy alta pero sí fuera de su
alcance.
– ¿Cuánto hace que no veíamos un
cuervo?
– Por lo menos quince años.
– Por lo menos.
– Pues hay algo de este que no me gusta.
– Una inteligencia maligna…
–Parece que comprenda…
–…como si es una persona o como si fue una
persona.
–…pero es sólo un pájaro.
Se hace un silencio. Parece que esperen que les hable, les diga
que tienen razón y que es un animal completamente normal.
Pero sólo se limpia las plumas, ausente.
– Dicen que trae mala suerte.
– Eso dicen.
Y nuestro cuervo, ajeno a ellos, continúa rascándose
con la punta de su pico las plumas bajo el ala que son, igual que
el resto del animal, enteramente blancas.
EL CUERVO (Federico Andahazi)
En el sitio más encumbrado del macizo
promontorio que separa Verona de Trento, sobre el último
peñón que se destaca del collar de morros que corona
la cima del Monte Veldo, tan quieto como la roca donde se posaba,
el perfil de un cuervo se recortaba contra el confín
crepuscular, cuyo epicentro dorado no parecía provenir del
sol —aún virtual—, sino de la misma dorada
Venecia. Como si el fundamento de aquella bóveda de luz
fuera el de las remotas cúpulas bizantinas de la Catedral de
San Marco. Era el crepúsculo que antecede al día. El
cuervo estaba esperando. Tenía paciencia. Y tenía,
como siempre, un hambre voraz pero no perentoria. Su dominio era
toda Venecia: la Venecia Eugánea —Treviso, Rovigo,
Verona y, más allá, Vicenza— y también
la Venecia Julia. Pero su paradero estaba en Padua.
Abajo todo se hallaba dispuesto para la fiesta
de San Teodorico, la festa di tori. Después del
mediodía, la multitud, entre trago y trago, habría de
manear cinco o seis bueyes que, uno a uno y tomados de las astas
por otras tantas mujeres, serían degollados de un
único y exacto golpe de sable. Se diría que el cuervo
sabía que así habría de ser. Olía por
anticipado el olor que más le gustaba. Pero sabía,
también, que, con fortuna, apenas si podría
rapiñar una miserable tripa o un ojo, que tendría que
disputar con los perros. No valía la pena ni el viaje, ni el
riesgo, ni el esfuerzo.
Aún no se había movido.
Tenía la paciencia de los cuervos. Hubiera podido esperar a
que los autómatas de la torre del reloj golpearan la
última campanada cuando, como todas las mañanas,
desde el Canal Grande apareciera la barcaza pública que
pasaba a recoger los cadáveres del Hospital de Humberto
Primo hasta la Isla del Cementerio. Pero tampoco valdría la
pena; con suerte podría arrebatar un jirón de carne
mala, demasiado magra y ya diezmada por la peste.
Giró sobre sus patas y miró hacia
el lado opuesto —el Este—, donde estaba su morada.
Allí estaba su amo. Entonces remontó vuelo a
Padua.
IIVoló sobre las diez cúpulas de la basílica
y después sobre la Universidad. Se posó sobre el
capitel de la cuarta puerta que daba hacia el patio interior.
Esperaba. Sabía que su amo habría de salir de un
momento a otro. Así sucedía todos los días.
Tenía paciencia. Extendió un ala y metió su
pico entre las plumas. Se diría que no prestaba
atención a otra cosa que a los íntimos agasajos que
se prodigaba: acomodarse las plumas del pecho, desembarazarse de un
piojo.
En el mismo momento en que sonó la
campana que llamaba a misa, el cuervo se tensó como una
cuerda, desplegó las alas morosamente, emitió un
graznido sordo y se preparó a dar el salto sobre el hombro
de su amo, que, como todas las mañanas, habría de
asomar desde la recova y, antes de encaminarse a la parroquia, se
llegaría hasta la morgue para darle a su cuervo lo que tanto
le gustaba: una tripa todavía tibia.
Sin embargo, aquella mañana de invierno
las cosas no iban a ser iguales. Había terminado de sonar la
primera campanada y su amo todavía no se había
asomado. El cuervo sabía que su señor estaba dentro
del claustro, podía olerlo, hasta podía escuchar su
respiración. Y sin embargo no salía. El cuervo
graznó de fastidio. Tenía hambre.
El cuervo y su amo sabían quién
era quién. Y por ese mismo motivo se prodigaban un mutuo y
velado recelo. Leonardino —ése es el nombre que el amo
le había puesto— nunca se posaba francamente sobre el
hombro de su señor; mantenía una distancia
mínima entre sus patas y la estola, elevándose con un
aleteo corto y regular. Tampoco el amo se fiaba de su
compañero. Uno y otro —ambos lo sabían—
compartían el mismo espíritu inquisitivo por indagar
qué se oculta detrás de la carne.
Sonó la segunda campanada y su amo
seguía sin aparecer. Algo raro sucedía, el cuervo
podía adivinarlo.
Todos los días, Leonardino, posado sobre la balaustrada de
la escalera de la morgue, seguía atentamente los movimientos
de su amo, sus manos que, sabiamente, guiaban el escalpelo;
entonces, cuando veía la sangre que surgía tras del
delgado surco que a su paso dejaba la hoja, Leonardino se
balanceaba hacia izquierda y derecha y emitía un graznido de
satisfacción.
Por mucho que lo había intentado, el amo
no había conseguido que Leonardino comiera de su mano; y en
verdad no le faltaban motivos para temer; el cuervo sabía de
quién era la tripa que su amo le había ofrecido el
día anterior, reconocía el olor de aquel gato que,
hasta ayer, se sentaba confiado sobre la falda del hombre y que,
con la misma mano con que lo acariciaba y le daba de comer, lo
había vaciado para disecarlo.
—Leonardino...—canturreaba el amo a
la vez que se acercaba lentamente hacia el cuervo blandiendo una
tripa con el brazo tendido.
—Leonardino... —repetía y,
conforme avanzaba un paso, el cuervo retrocedía otro.
Leonardino no miraba la tripa; la olía,
sí, pero no la miraba. Tenía sus ojos siempre
clavados en los de su amo que, al parecer, le resultaban más
apetitosos que aquel trozo de intestino. Entonces el hombre le
arrojaba la tripa y el cuervo la tomaba en su pico con una
voracidad largamente contenida.
Sin embargo, aquella mañana nadie
asomó desde la recova. Sonaba la tercera campanada cuando el
cuervo supo que su amo no habría de asistir a la cita
cotidiana. Disgustado y hambriento, Leonardino voló con
rumbo a Venecia.
Leido en: http://www.literatura.org/Andahazi/anatomista/faanat2.html

Cuervo Blanco "whitecrow